jueves, 12 de agosto de 2010

Leyenda de Cancodrilo y Súper Chango, por Manu Chao

LEYENDA (RESUMEN) 

El disco "Clandestino" (chuwaka), como dice Manu, es el camino para entrar en la Feria de las Mentiras, una carpa itinerante creada a partir de una leyenda escrita por Manu Chao. Aquí tenéis un resumen de ella. Para conseguirla completa... búscate la vida.

Un buen día, un perro bastardo llamado Pepiño emigró a Venezuela. Huelga decir que era gallego y, como dicen allí, "de palleiro". Nació en Herbón, donde se producen los famosos pimientos. Pepiño llegó a Venezuela sin más equipaje que un bolsillo lleno de semillas de los famosos pimientos. Tenía la particularidad de desencadenar la risa de todos, por sus pintas ridículas. Una cocodrila llamada Machu-Pichu, por ser muda, no se reía de él. Pepiño se enamoró de ella. Se dedicarón a cultivar pimientos y tuvieron un hijo, al que llamaron Cancodrilo.

Recién nacido, al ver la cara de su padre, el Cancodrilo no pudo retener la risa, y al reirse se le escapaban lágrimas muy particulares: eran de oro. Con ese tesoro innato, el Cancodrilo se dedicó a los negocios, creó una nueva raza de pimientos y se hizo multimillonario. Era "El Rey del Pimiento", el amo del pueblo, el cacique, el explotador de los nativos.

El Cancodrilo era ensaciable y mucho se reía; cuanto más reía más oro producía y más la gente le temía. En esto se encontró con Súper Chango, dios rebelde y libertario, dios del trueno y de la parranda. Ambos se desafiaron a una cruenta y embrujada partida de futbolín. Nadie sabe quien ganó. Pero desde ese fatídico día, ambos cayeron en una infinita tristeza, en un terrible malvivir, y la risa desapareció. Pronto decidieron marcharse a recorrer el mundo en busca de la risa perdida, en un viaje del nunca acabar. En Veracruz subieron a un barco cargado de acordeones. Uno de esos acordeones es O Demo, el demonio. Cuando surcaban el mar de los Sarcasmos, el demonio robó la brújula. A rumbo perdido, sufrieron una terrible tempestad, y frente a la Ultima Ola, diosa de la Atlántida, el barco naufragó. Unicos sobrevivientes, Changó y el Cancodrilo amanecieron en el fin del mundo... ¡el cabo de Fisterra! Allí, en las rocas célticas, graníticas, el Cancodrilo descubre la cara exacta de Pepiño, su padre. Este reencuentro provoca de nuevo en él un río de lagrimas, pero ¡ay!. Ya no son de oro, sino de alquitrán...

El Cancodrilo decide quedarse en estas tierras para convertir la Costa de la Muerte en un paraíso de alegría. Para ello era preciso encontrar y derrotar al dios del mal y de la mentira, el pulpo Octopus, que sembraba calamidades y desolación por todo él. Se ensañaba especialmente con las vacas, devorándolas todas, una por una, en un salvaje genocidio. 
El Cancodrilo conoce a Roxiña, una vaca que será el gran amor de su vida. Pero, signo de los tiempos, a la Roxiña se la llevan tambie´n al matadero de la Gran Feria de las Mentiras, donde vive el malvado Octopus. El pobre Cancodrilo queda solo y desesperado. Sus lágrimas de alquitrán ennegrecen las costas: los peces flotan panza arriba, caen desplomadas las gaviotas, la desolación se extiende por doquier en una gran catástrofe ecológica.

Para sacar de apuros a su amigo, y salvar al mundo de un terrible peligro, Changó necesitaba reflexionar. Se subió al Pico Sacro, cerca de Compostela, donde se encontró con un Trasno, que salía de la Grean Ciudad del centro de la tierra. El trasno le entregó un colmillo de cuarzo y le dio la solución: clavándolo treinta y ocho veces en el ojo de Octopus, mataría al malvado pulpo. Entonces, su amigo el Cancodrilo volvería a encontrarse con Roxiña y cesarían las desgracias. Antes de llegar a sus fines, Changó tendrá que superar tantas pruebas como tentáculos tiene el pulpo.

Después de una homérica batalla, todo terminará con la destrucción de la Feria de las Mentiras, antro de Octopus. El pueblo, Changó y el Cancodrilo se comerán al pulpo según la tradición culinaria gallega. Suenan gaitas, penderetas y alegría...



[gracias pancho por hacerme conocer esta joya]